Relato: entre nuestras diferencias somos todos iguales


    


    Al reflexionar sobre mi experiencia escolar, me doy cuenta que en general tendía hacia un tipo de escuela sin identidad ideológica explicita y de tendencia más bien neutra, en el sentido de que no buscaba convivir activamente con el pluralismo y diversidad presente en las aulas, sino mas bien toleraba su existencia y la aceptaba como natural.

    Esto se traduce, por ejemplo, en que las diferentes posturas religiosas que existían en un curso (ateos, musulmanes, católicos, judíos) fueran consideradas posturas individuales, y que no era necesario conversarlas en horario escolar. Por lo tanto, la defensa profunda de la laicidad lograba, entre otras cosas, que estuvieran prohibidos los símbolos o vestimentas religiosas. Ocurría algo similar con las ideologías políticas. La dictadura era un tópico particularmente sensible en Historia ya que mi establecimiento recibió muchos hijos e hijas de exiliados tras el regreso a la democracia, pero aun así convivían opiniones de todo el espectro partidista chileno, incluyendo la derecha conservadora. Era necesario entonces hablar de dictadura cívico-militar, pero también se entregaban las visiones revisionistas sobre el "regimen militar".

    La diversidad de estudiantes se replicaba en el estamento docente. Existía entre ellos diferentes posturas en cuanto a religión, culturales o políticas, pero existían acuerdos en mínimos éticos a la hora de enseñar: solían presentarse principios o ideas universales de respeto, justicia, democracia y otros. Si bien algunos docentes buscaban ser lo más neutrales posibles en sus clases, otros daban cuenta de un beligerancia clara. Se podían posicionar sin miedo a represalias frente a tópicos como feminismo, o ciertas corrientes de extrema derecha. Pero no se esperaba que los estudiantes se acogieran a dichas posturas. 

    En suma, existía mayor libertad de acción entre profesores que entre estudiantes a la hora de compartir ciertas posturas en el aula. Si bien se tendía levemente a posturas de izquierda política y laicidad escolar, no existían mayores conflictos con otros grupos identitarios. El único elemento que podría definirse como contrario a dicha neutralidad de mínimos éticos era la expectativa de excelencia académica.

    

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