El colegio en el cual terminé mi enseñanza media se enmarca en lo que se considera un establecimiento científico- humanista, este era un colegio no doctrinario, es decir no se tiene una exigencia moral imperativa ni se pretende repetir ciertos patrones morales como una forma de ideal. Todo era mas bien en base a la cultura subyacente a nuestra sociedad.
Sí poseía unos mínimos éticos muy claros y marcados de lo
que uno, en un principio y por naturaleza debe ser. Por otro lado, no se trabajaba
con máximos éticos específicos, ni proyectos de lo que es tener “una buena vida”,
sino más bien constaba de una identidad neutra, en donde cada individuo era
capaz de discernir sus propias maneras de ser, dentro de lo que la moral y la ética
rigen, y según sus propios máximos éticos.
Dentro del ámbito docente, tenía profesores los cuales en un
principio mostraban, a mis ojos, una actitud de neutralidad, en donde se
desligaban de hechos que podrían resultar ser polémicos, pero mas que nada porque
nunca había mucha revolución dentro del aula. Sin embargo, y ya en retrospectiva,
puedo darme cuenta de que ellos si tenían posiciones beligerantes, si defendían
sus ideales, pero no de una forma en que sea vea a simple vista.
Recuerdo exactamente un momento en una clase de Filosofía, en donde se discutía la situación que sucede en la Araucanía. Las posiciones de nosotros eran bastante similares, pero en un momento apareció sobre la mesa el concepto de colonización, del cual había distintas opiniones. En este instante el profesor tomó una actitud beligerante, pero de manera muy solapada. Las opiniones iban y venían, hasta que fue mi turno de hablar y yo me mostré a favor de la colonización ocurrida en la Araucanía, sin embargo, el profesor me hizo ver de una manera muy simple pero efectiva lo que yo estaba tratando de decir. Me dijo: entonces si alguien va a tu casa y te saca de ella solo porque tiene más fuerza que tú, ¿te resignas y lo aceptas? En ese momento me di cuenta de lo que me trataba de decir y como mis propias palabras no iban de acuerdo con lo que yo realmente pensaba. A la vez, el profesor defendía sus ideales mediante lo que me decía y yo reencontraba los míos atendiendo a aquellas palabras.re
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