Decisiones individuales para los cambios colectivos

En mi familia era recurrente hablar de diferentes tópicos, aun cuando se trataran diferencias políticas entre algunos miembros. Crecí con la impresión de que mi familia tendía a ser abierta y todo se podía discutir.

La primera vez que pensé en algo político o sobre la política fuera de dicho ámbito familiar, fue a mis 9 años al encontrar un folleto sobre vegetarianismo. Era un concepto que jamás había escuchado, y no conocía a nadie que lo fuera. Gracias a la información que contenía pude informarme sobre las diferentes razones por las cuales no era necesario ni ético consumir carne animal. Descubrí con horror sobre los abusos de la industria ganadera y la cantidad de recursos naturales que requería para funcionar, además de la contaminación ambiental asociada… pero lo que más agradezco fue que me abrieran los ojos a una posibilidad que no conocía. Mi familia venía del sur, y el asado y el consumo de productos animales (cuero, lana, leche, huevos…) se encontraban entrelazados entre cultura y vida social. Esta familia, que me permitía elegir religión, carrera en el futuro o tendencia política sin reparos, se tensionó con mi decisión alimenticia y de estilo de vida. Costó meses de argumentación, visita a la nutricionista, y aprendizaje mutuo sobre alternativas en la cocina antes de que me dejaran.

Haber elegido una dieta vegetariana desde corta edad me permitió ver los cambios culturales en la sociedad a través del tiempo. El desconocimiento y las burlas de adultos a mis decisiones solo me hizo reforzar mis ideales. Hasta el día de hoy no dudo del poder de las decisiones individuales para los cambios colectivos, y que algo que parece cotidiano como lo es la alimentación es igual de político e importante que unas elecciones.


Antonia Reyes

 

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